sábado, 12 de abril de 2014

CRITICA DE CINE: LAS AVENTURAS DE PEABODY Y SHERMAN





Mr. Peabody & Sherman. Dirigida por Rob Minkoff. Producida por Alex Schwartz. Guión de Craig Wright. Basada en la serie animada "la improbable Historia de Peabody", de Jay Ward. Con las voces (en inglés) de Ty Burrell, Max Charles, Ariel Winter. EEUU, Dreamworks Animation SKG, 2014. Animada, aventura, comedia.

Allá por los años sesenta ( con escasas repeticiones por estas latitudes), daban una serie llamada Las aventuras de Rocky y Bullwinkle. Entre sketckes animados ponían las aventuras de un perro sabelotodo que explicaba- a su modo-Historia a un niño. Qué tan exacta o verosímil contaba dicha Historia, lo ignoro: nunca fui aficionado a ese animado y apenas me acuerdo de sus caras mientras pasaba canales.


En el año 2012, el gigante Dreamworks adquiere Classic Media, un estudio de producción y animación con los derechos de varias series. La película que nos ocupa hoy es el primer producto de dicha transacción comercial, en donde, con justicia, la compañía que hizo el gasto desea hacer negocio con lo que adquirió. 
Y esta es la primera entrega. No me extrañaría que ya estuvieran trabajando en He-Man y los amos del Universo
Tenemos al Sr. Peabody, perro superdotado que, mientras hace alarde de sus múltiples títulos y premios académicos, muestra sus inventos más logrados, entre los que se encuentra- por supuesto- una máquina del tiempo. La utiliza para enseñarle a su hijo adoptivo Sherman- humano- diferentes hechos de la "Historia". La pongo así entre comillas por lo primero que me pareció curioso del desarrollo de los eventos. 
Se tomaron la molestia de explicarle a la audiencia - a través de Sherman que levanta la mano en la clase- el significado de la palabra "apócrifo". En historia se refiere a un hecho que es falso o no verificado pero que se ha hecho pasar por verdadero. En el fime utilizan la vieja leyenda de George Washington y el cerezo que habría derribado cuando niño. 
Quedando claro ello, es necesario aclarar que, tratándose en su mayor parte de una aventura en el tiempo, el filme está plagado de apócrifos, puestos a la orden del día para el chiste fácil y tibio. María Antonieta nunca dijo nada de comer pastelillos. Hacen pasar el caballo de Troya como historia y no como la exageración  literaria que probablemente es. Las alcantarillas de París empezaron a recoger desechos humanos  cien años después de la revolución francesa. Y un largo etcétera. Pero, ay, licencias artísticas, es un filme, además animado para un entretenimiento fácil y no podemos ponernos con exigencias académicas. Pero es bueno estar atentos y comentarles a los niños estas cosas después del filme. No vaya a ser que se crean todo, y quizá este sí podría ser un ejercicio pedagógico.
Porque, ignoro si en algún momento existió la intención de que los niños se interesaran por la historia, pero si hubo algún asomo de esto, no es un objetivo ni principal, ni alcanzado. Al filme lo que le interesa es tenernos rebotando de época en época sin profundizar gran cosa sobre los contextos de cada escenario. Todo es llegar, enfrentarse a un peligro inminente y salir corriendo para otra época. Repítase hasta el cansancio.

Y en esto resulta cansado el filme: en querer involucrarnos en situaciones harto forzadas, a brinco y salto cuántico. La jerga seudocientífica que usa el personaje principal, el Sr. Peabody, resulta truculenta y enmarañada, nada más cacareada para recordarnos que él es un genio más allá de nuestro entendimiento, pero que no le permite resolver los conflictos de forma más directa a pesar de que tiene, vamos a ver, ¡sí!, una máquina del tiempo. Y los niños, que si no es uno es el otro el que fuerza los hechos para hundir más la historia en más enredos .Al final, la resolución de los conflictos recogidos a lo largo del filme carece de convicción, pese a que no falta el discursito motivador. El humor es tibio, muchas veces dirigido como flecha al espectador adulto ( me permito un pequeño spoiler:  aparece Bill Clinton diciendo: "hey, he hecho cosas peores"). 



Claro, ustedes pueden decir que soy un pesado y que la película es sólo una fantasía para entretener. Tranquilos, me lo dicen todo el tiempo (¡soy el alma de las fiestas!!). Para ser justos, siempre llevo a mis hijas como barómetro infantil, les pregunto qué les pareció y dicen que "muy buena". Las comprendo pero no puedo dejar de pensar en la música aburrida (¿de verdad ese era Danny Elfman?), en la acartonada y pomposa personalidad del Señor Peabody, en el desarrollo cursi y predecible de los personajes principales, el diseño monocorde de personajes secundarios. 
Tengo que admitir, en aras de la justicia, que algunos mensajes positivos sí logran calar: la relación padre hijo con tiempo de calidad (aquí, este término, "tiempo de calidad",  llevado con humor a su máxima expresión) como parte fundamental del desarrollo de los niños, la necesidad de una intervención interesada de los padres en caso de bullying, las posibilidades de ejercer una buena peternidad a pesar de ser "solteros y diferentes" (¿un guiño a la comunidad LGBT?).
Esto, y por supuesto, los dibujos y diseño gráfico (elaborados, agradables), rescatan al filme del fracaso total. Aunque el 3D, como en muchas otras mercancías ofrecidas por ahí, sobra. Los niños podrán pasar un buen rato, los adultos también si se lo permiten y se hacen de la vista gorda en aspectos formales. Yo por mi parte planeo volver a ver una de las grandes de Dreamworks, Shrek quizá, o algo mejor del director Rob Minkoff, como El Rey León. Allá cada uno. 

CALIFICACION: **

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