lunes, 10 de marzo de 2014

George Takei, π (pi), Darren Aronofsky y yo

Hace pocos días volví a darle un vistazo a la página de Facebook de George Takei. Como cualquier geek promedio sabe, George Takei es uno de los actores de la serie original de STAR TREK, haciendo el papel de Sulu. 



La página y las publicaciones que Takei hace son harto interesantes, montones de chistes y observaciones ingeniosas, o al menos curiosas. Hace unos días hizo señaló una próxima fecha y hora: marzo 14, a la 1:59 con 26 segundos. Sería asÏ:


3 14 1 59 26


Y de esta manera obtenemos las primeras ocho cifras del número enigmático por excelencia: el número pi (π).


Esta sencilla curiosidad numérica (no pasa de eso, no entraremos en predicciones mayas ni en revelaciones nostradámicas) inevitablemente me trajo a la mente uno de los filmes de esos pocos directores de EEUU que pueden llamarse aún autores: Darren Aronofsky.
Darren Aronofsky es poco conocido en nuestro medio, al menos para las GMCP (grandes masas consumidoras de palomitas). Pero algunos de sus títulos han venido con relativo exito a nuestros cines y afortunadamente no han pasado desapercibidas, gracias a su gran calidad, lenguaje cinematográfico y pese a  ser propuestas atípicas para el repertorio norteamericano.Entre sus filmes podemos destacar EL CISNE NEGRO (Black Swan, 2010), por la que Natalie Portman ganó un merecido Oscar; EL LUCHADOR (The Wrestler, 2008), por la que Mickey Rourke perdió inmerecidamente un Oscar; LA FUENTE (The Fountain), abucheada y estrafalaria poesía con un Hugh Jackman atípico.Para este año esperamos su NOE (Noah, 2014) con Russell Crowe como el patriarca bíblico. Viniendo de Aronofsky podemos esperar cualquier cosa.
Por supuesto, la que quiero traer a colación es su primer largometraje, de franco corte independiente: PI (π), de 1998. Por favor no confundir con "la vida de Pi" y dejar a Ang Lee en paz.


En este filme, realizado en los noventas con un perturbador blanco y negro, un matemático se ha obsesionado con un número que explique el interminable fluido de la naturaleza, aparentemente caótico pero con una escurridiza clave secreta. En esta búsqueda, su genio y perturbación lo llevan a tropezarse con su propio y limitado ser víctima de la migraña, con misteriosos empresarios interesados en la aplicación de sus descubrimientos para el lucro, y con la misma cábala judía, en la que un grupo de ortodoxos desean encontrar los misterios de Dios.




¿Suena extraño? Créanme: lo es. La película es una delicia intelectual. No resulta inverosímil adivinar influencia de autores que coquetean con el surrealismo: Buñuel, Lynch, y hasta el chileno Jadorowsky. Pero aunque el tema se aleja de cánones vulgares, la linea argumental se permite ser accesible, y Aronofsky lleva al espectador a través de todos elementos de una forma ágil, nunca aburrida, siempre perturbadora. Aprovechando la curiosidad numérica señalada por un tripulante de la imaginaria Enterprise, me permito hacerles esta recomendación, para que la busquen este marzo 14. Pero escogiendo otra hora a la señalada más arriba, no sea que Nostradamus se nos despierte.