sábado, 1 de marzo de 2014

CRITICA DE CINE: LA ZONA (STALKER)

Stalker.  Dirigida por Andrei Tarkovski. Escrita por Boris y Arkadi Strugatsky, basados en su novela "Picnic al Borde del Camino". Fotografía: Aleksandr Kniazhinski. Unión Soviética, 1979. 

En el marco del taller de apreciación de cine Disutopías Visionarias, sábados a las 6:30 pm en el Museo Joaquín García Monge (costado norte del parque de Desamparados). 



Acercarse por primera vez a la obra de Andrei Tarkovski (1932-1986) no es ni fácil, ni para cualquiera. Me explico. Desde los primeros años del cine, se fueron desarrollando muchas maneras de contar una historia, pero casi siempre se respetaba una estructura narrativa que podria resumirse -aunque de forma algo grosera- de la siguiente manera: el protagonista, con propiedades propias que le permiten al público identificarse con él de alguna manera, se involucra en una serie de sucesos en que encuentra aliados y enemigos. Se enfrenta a su contraparte, saliendo -casi siempre- victorioso, beso con la chica, final feliz. Este esquema-evidentemente, muy relacionado con la literatura- es el que aún hoy domina el grueso de las producciones cinematográficas en el mundo.
Tarkovski no creía en esto. En su gran libro testimonio, "Esculpir en el Tiempo", explica: 
La transposición de las características específicas de otras artes a la pantalla roba al cine su especificidad cinematográfica y hace difícil encontrar soluciones que se apoyen en las poderosas cualidades del cine como arte autónomo. Lo peor de todo ello es, sin embargo, que en esos casos surge un abismo entre el autor de la película y la vida. Entre los dos se están continuamente interponiendo intermediarios, procedimientos de artes más antiguas. Y esto impide sobre todo el que la película represente la vida en su fuerza originaria, tal como el hombre realmente la ve y la siente". (p. 42)
En estas palabras vemos su anhelo como artista comprometido: representar la vida. Leía y leía libros sobre teoría de cine, y mientras más leía, más palpable era para él no sólo separar al cine de la literatura, sino buscar precisamente eso, un lenguaje y una forma de contar historia que fuera puramente cine.  Detestaba el encasillamiento de un filme a un género, por ello nunca consideró Solaris o Stalker como "películas de ciencia ficción". Admiraba a Dreyer, a Luis Buñuel. Se definió en una búsqueda poética, entendiendo poesía no como un género, sino como una manera de ver el mundo y relacionarse con él. Y en esa búsqueda nos dejó sólo siete películas. Siete. A veces incomprendidas, pero todas joyas.


La que nos ocupa hoy fue la última que hizo en la antigua Unión soviética, y su trama es tan fantástica como perturbadora. En un territorio (identificado como La Zona) suceden cosas muy extrañas, aquel que entra difícilmente sale. Pese a ello, existen los stalker, que sirven como guías a aquellos que quieran atreverse a entrar a la Zona, con un objetivo: alcanzar una misteriosa habitación en la que, si logras entrar, se cumplen tus deseos más profundos. Pero todo el lugar es un laberíntico desafío al espacio-tiempo, y el stalker que conduce a un profesor y a un intelectual sabe que pueden acabar mal. 


Tarkovski se apoya, a contracorriente de los gustos más populares, en aquellos elementos que-al juicio desarrollado en su búsqueda- pueden hacer  del cine un ser autónomo. Largos travelings, alternancia de ricos colores con un blanco y negro perturbador, escenografías apocalípitcas tan austeras como hermosas,  actuaciones que nos simulan indiferencia... y presentimos que, en esta obra mayor como en otras suyas, Tarkovski logró su sueño: acercarse a la vida como sólo un verdadero artista sabe hacerlo. No podemos ver sus filmes como otros. Nos perderíamos su esencia. Como tratar de leer un atardecer. 
CALIFICACION: *****